domingo, 10 de junio de 2012

- Día 1 -
Juliette bebía zumo de naranja azucarado mientras dibujaba un mar de palabras de libertad. Tenía marcas de los malos recuerdos, de los golpes, del dolor, del dinero, de la necesidad, de las noches que no pudo dormir, de querer olvidarlo todo. Dejó de ser quien era mucho antes de que él la conociese, pero quién lo hubiese dicho bajo aquel pintalabios rojos y aquellos ojos tan verdes.
Jack la encontró después de muchos días y muchas más noches, cuando ella ya odiaba el vodka, las llamadas a las tantas, los billetes grandes, las palabras sucias, los juegos estúpidos y las falsas apariencias.

(...) Aquello era una locura, la soledad le estaba llevando demasiado lejos. Lo que había empezado como un rato de placer se estaba convirtiendo en una obsesión difícil de rescatar. Sacó el móvil del bolsillo, y escribió breve "Estoy aquí. Baja." Apenas tardó 3 minutos. Para ella no era más que un negocio. Necesitaba salir de allí. No creía que no hubiese nada más bajo aquella coraza indestructible. La había visto fuera de su ambiente forzado. No la siguió, simplemente la encontró un día por la calle, mirando la luna de una pastelería distraída, de puntillas, con el cuerpo curvado hacia delante, como cuando un niño se asoma a mirar qué hay bajo de un escaparate que no alcanza a ver. Se quedó mirándola de lejos sin que ella se diese cuenta. Y de repente, perdió el equilibrio, le fallaron los pies, y cayó hacia delante, chocándole la frente con el cristal de la pastelería de forma delicada. Se separó, se frotó la frente, y miró hacia ambos lados riendo, poco preocupada por quién pudiese haberla visto. Él también sonrió de lejos. Y se fue, completamente natural y niña. No quiso seguirla, pero lo hubiese hecho.
Y ahora estaba allí, esperando a que bajase la parte de ella que odiaba, que le hacía odiarse a sí mismo y le salvaba de todo lo que no tenía.
Llegó seria, con los labios rojos y los ojos verdes. Jack no pudo evitar sentirse igual de vacío que aquellos ojos. Y no pudo limitarse a seguir las normas.
- No tengo una American Express, ni una limusina negra esperando ahí fuera. No puedo pagarte una suite en un hotel de lujo para hacerte el amor durante toda la noche, ni puedo regalarte joyas y vestidos y mansiones en la playa cada catorce de febrero. Pero sabes tan bien como yo que no conocerás a alguien que esté tanto tiempo aquí, esperando a que dejes de mirar al mundo como si se hubiese vuelto loco.
- Si lo que quieres es follarme Jack, hazlo. Hay muchos más sitios aparte de los hoteles, ¿lo sabías? - Juliette acarició su larga melena castaña - No te quiero, pero estoy segura de que puedes querer por los dos. Siempre lo haces. (...)

No podía dejar de mirarla en aquel café, lejos de ser la chica de las noches. Cuando ella acabó el zumo, él apuró el café y se acercó a saludarla.
- Hola.
Levantó la mirada y posó sus ojos sobre los de él, que sintió como aquel vacío se llenaba de golpe.
- Hola - contestó ella. Y siguió dibujando.
- Me gusta tu dibujo. Es muy bonito.
- Es para perderse. Yo ya estoy perdida, Jack. No podría darte nada, ni siquiera sé querer. Si fuera tú daría media vuelta y buscaría una chica más rubia que yo.
Necesitó un momento para reaccionar a lo que estaba oyendo. Era, en apariencia, la misma mujer con la que se acostaba cada noche, pero aquella chica que escribía en cursiva quedaba muy lejos de serlo. Ni era dura, ni lo pretendía. Era real.
- Aunque - siguió ella - igual te gustaría acompañarme. Sólo por hoy.


- Día 11 -
Aquel corsé azul siempre había sido su favorito. No había una mejor despedida.
Paró delante de la puerta del hotel, todo el mundo se giró a mirarla. Último piso. Suit 7P.
P de presión.
Perdón.
Pecado.
Puta.
Estaba abierto. Entró sin llamar.
- Por fin, princesa. Te esperaba. - susurró una voz desconocida.
- No te conozco, quizás tú sí me conozcas a mí. - dijo ella. - Estas son las normas: te acompañaré durante toda la noche, pero me iré con la primera luz. No intentes volver a llamarme, no podrás. No me busques ni quieras saber de mí, porque después de hoy, ya no existo. Pero ahora estoy aquí.. Espero que te guste el color azul.
Derramó una lágrima que la oscuridad no dejó ver.
- ¿Prefieres que pague ahora, o mejor después princesa?
Con la mirada indiferente, Juliette sacó el vodka del aparador y se sentó en el sillón que había enfrente de la cama. El extraño le miraba con curiosidad y ganas sentado sobre la cama. Ella se sirvió una copa que vació de un trago. Volvió a llenarla y se la ofreció a su acompañante, que la rechazó. Se encogió de hombros, y se la bebió de un trago que la abrasó por dentro. Y lloró. Lloró como nunca había llorado por lo queharía, por ser quién era, por Jack, por haberse dejado arrastrar, por la debilidad que había demostrado. Lloró porque se detestaba, porque se engañaba a sí misma y estaba dejándose consumir por dentro.


- Día 14 -
- Dime cómo encajas tú en ese sitio, con esa gente. ¿Sabes cómo me siento cada vez que desapareces? No tienes ni idea. Estoy vacío, me siento vacío Juliette. Como si no hubiese nada dentro de mí, como si no existiesen cosas buenas. ¿Realmente eres de piedra Juliette? ¿Tan poco te afecta lo que me está pasando? ¿El daño que me haces?
Ella se dió la vuelta, sin coraza.
- El mundo no me produce apatía en absoluto. Escúchame bien, voy a contarte la historia de mi vida.

(...) Nunca quiso explicarme qué era exactamente aquello que la comía por dentro, y por qué tuvo que recurrir a cosas como esas. No le pedí más explicaciones que las que aquel día me dio, tampoco las necesité. Después fue mía, y solo tuve que hacerla olvidar. (...)


- Día 27 -

Paseaban mujeres bonitas por el banco de las siete y cuarenta y ocho, pero ninguna llevaba un vestido tan rojo ni unos ojos tan transparentes. Jack susurraba historias en su cuello y hacía que sus mejillas se volvieran color atardecer de primavera. Juliette escuchaba con cara de niña pequeña y aquellos ojos azules captaban cada detalle. Una pausa para un helado que Jack, predeciblemente, se ofrecío a traer a los dos. Le besó en la nariz, como nadie más hacía, y se fue. Ella lo miraba desde el banco de las siete y cuarenta y nueve con aquella sonrisa que ponía cuando nadie la veía. Pero algo no salió bien. Se llevó la mano al pecho, ahogó un gritito y calmó el llanto convenciéndose de que bien pronto pasaría. Pero no pasaba.. Ni tampoco lo haría.
- ¿Te pasa algo, cariño? - Jack volvió un helado de tres bolas de melocotón.
- Nada. Vámonos a casa Jack, encendamos la chimenea, adornemos un árbol de navidad.
- ¿En abril?
- En abril. A mí me gusta la navidad, y no quiero esperarme.
- ¿Seguro que estás bien? - Jack la miraba con cara de 'sé que algo te pasa, pero vas a decirme que no'.
- Claro, tranquilo. Te lo diría. - Y sonrió, con la sonrisa que usaba cuando iba a clases de interpretación de pequeña.
Pero sí pasaba algo.. Y Juliette no lo diría, porque ella nunca decía nada.


- Día 63 -

Las 10 de la mañana de un jueves cualquiera. Aunque.. No. Este no era un jueves cualquiera. Era un jueves con olor a tostadas. Buenos días con tostadas.. ¿Acaso había algo mejor? Sonrió con ganas y se estiró entre las sábanas sin abrir los ojos siquiera. ¡Menudo jueves a las 10 de la mañana tan bonito!


Eran las 10 de la mañana de un jueves cualquiera. Aunque.. No. No era un jueves cualquiera. Era un jueves con Juliette en su cama. Buenos días con Juliette.. ¿Acaso había algo mejor?

Jack preparaba sorpresas para princesas en la cocina, pero el ritmo de la respiración de Juliette cambió, y supo que se había despertado ya. Uno, dos, uno, dos. Se había despertado contenta. ¡Menudo jueves a las 10 de la mañana tan bonito! Hoy irían al río. Harían un picnic, con una sábana a cuadros blancos y rojos. Con suerte, con una cesta de mimbre y mermelada de melocotón, que la hacía tan feliz.. Y con eso bastaba. Después irían a comprar los regalos de su navidad en abril, que estaba a punto de ser 25 de abril, y las tradiciones eran las tradiciones, aunque estuvieran recién impuestas. El día 25 de abril JackNoel traía regalos para todos. Y todos tan felices. ¡Pero qué niña podía llegar a ser Juliette! Y cuánto le gustaba eso a él..
Unodos, unodos, uno, dos, unosdostres, uno, dostrescuatrocinco. ¿Qué era eso? Ella no había respirado así jamás.. Dejó tostadas y sueños a mitad hacer y corrió hacia la habitación. Juliette estaba en el suelo, con las piernas abiertas en uve, su melena castaña en la cara, y aun así, con un secreto en sus ojos. Y la mano en el pecho.
- ¿Qué te pasa Juliette? - puso sus manos sobre la que ella apretaba contra su pecho - ¿Qué te pasa?
- Tranquilo, pasará, dame un minuto.. - susurró.
- Bien, tranquila amor. - Jack empezó a separarse para que se traquilizase.
- ¡NO! No, no te vayas. No te vayas nunca. - dijo con ansiedad.
Unodostres, cuatrocincoseis, uno, uno, unodos, unodostrescuatro, cuatroSEIScinco.
- Tranquilízate cariño, estoy aquí.
Parecía una niña pequeña. Ese pijama tan grande, esa forma de sentarse, ese miedo en los ojos.. Se secó un par de lágrimas de las comisuras de los ojos.
- Siéntate Jack, tengo algo que.. susurrarte.. Prométeme que no llorarás, ¿prometido? Mira que si no lo prometes no te lo cuento, ¿eh?
Dulce cabezota.
- Te lo prometo. - contestó con su media sonrisa, su preferida de todas las sonrisas de todas las personas del mundo mundial.

Un jueves cualquiera a las 10 de la mañana. Aunque no, no era un jueves cualquiera. Se quemaron tostadas y sueños. En apenas un instante.


- Día 92 -

Jamás de los jamases había vivido un día tan horrible. Hacía frío. Había niebla. Había oscuridad. El tiempo pasaba demasiado deprisa. Tenía marcas de pesadillas en los ojos y en el pecho, porque cuando las pesadillas eran muy muy tristes Jack ponía las manos sobre el ombligo y abría y cerraba los dedos, dejando pequeñas marcas rojizas. Pero lo de hoy no eran marcas, ni pequeñas. Eran heridas, y enormes. Y todo por Juliette. Cuantísimo daría por poder ocupar su lugar, absorber su miedo y su dolor. El de Jack ya llegaría más tarde, seguramente cuando hiciese tanto calor como para derretir helados de cucurucho del puestecillo de la esquina. Más tarde, mucho más tarde con suerte, porque el mundo estaba loco, y, como decía una amiga suya, acabaríamos muriendo todos con la mierda del cambio climático. Antes le había preocupado mucho aquello. Ahora, prefería que el calor tardase muchísimo en llegar, o que fuese siempre invierno polar. Con mantas y cafés calientes.
Entró el primer rayo de luz, su favorito de todos, y rebotó en sus ojos. Las lágrimas de las mejillas brillaron como si fueran de cristal. Se las secó con un movimiento rápido. Demasiado tiempo había perdido ya.
Juliette dormía todavía. Qué bonita que era. No había tiempo que perder.
Sólo había una cosa en el mundo que Jack no podría darle. Sólo una.
Cogió la libreta-diario-agenda-recordatorio de cumpleaños-dibujos y sueños de Juliette, y abrió una página al azar. Y la caligrafía de Juliette, tan de niña:
"11. Visitar las calles de agua de Venecia"Salió con prisa. Juliette dormía todavía.



Venecía tendría.


- Día 101 -
- ¿Dónde vamos, Jack?
No parecía preocupada, pero no le había hecho mucha ilusión salir. Los martes le gustaba pasarlos en casa, haciendo batidos y creppes. Odiaba la rutina, pero a eso le llamaba tradición.
- Ya te lo he dicho, tu tía quiere verte. Me hizo prometer que te llevaría de visita hoy. - contestó con tono convincente.
- No me digas mentirijillas..
- No lo hago.
- Llevas escrito en la frente: "Estoy mintiendo a Juliete." Y encima lo piensas mal, mi nombre va con dos t."
- Dame un momento. - Jack arrugó la frente, se la frotó con la mano que no iba unida a la de Juliette, y continuó. - ¿Ahora?
- Ahora sigue poniéndolo, pero ademá pone "PD: te aforaxo"
- ¿Te aforaxo? ¿Qué quiere decir eso?
- A mí siempre me ha gustado, pero no sé qué significa. Por lo visto, en tu frente significa que me quieres, ¿no?
Jack estuvo a punto de comérsela de cariño con los ojos, pero ya habían llegado. Un piso normal y corriente en un barrio normal y corriente. Un bajo. Una venda sobre los ojos de ella.
- Confía en mí, yo te guío.
La condujo escaleras abajo. Llegaron a una puerta blanca. Entraron, y el ambiente se volvió húmedo. Jack le retiró la venda.
Había luz por todas partes, tanta que deslumbraba, aunque fuera hiciese niebla. Estaban en una habitación blanca y grande y bonita, con flores de todos los colores colgando por las paredes. Ellos estaban sobre una especie de escenario blanco, un pasillo elevado que llevaba a un rectángulo sobre el cuál había un sofá, mantas, creppes y batidos, porque era martes. Y todo lo demás, todo el alrededor, todo el pasillo, TODO era agua.
- Venecia entera para ti, princesa.
Y no había barca, pero daba lo mismo, y no cantaban los hombres italianos, pero qué importaba. Nunca había visto una Venecia como aquella. Para ella sola.



Qué niña se veía. Se veía tan frágil. Apenas el viento podría romperla. ¡Y qué ojos! Sólo por aquellos ojos en aquel momento, valía la pena Venecia y media.
- Yo también.. Te aforaxo Jack.


- Día 134 -

"Time can bring you down, time can bend your knees, time can break your heart, have you begging please, begging please..."
Paró la música. Muy acertada la reproducción aleatoria, pensó. Abrió los ojos, y la luz de aquella sala la cegó por un instante. Sólo por un instante.
Las nueve y dieciseis minutos. Menuda hora tan fea, nunca le había gustado. Ni ese sitio tampoco. Ni estar sola, aunque estaba acostumbrada. Antes, con suerte, siempre estaba sola. Si no, sencillamente, mal acompañada. Se hundió un segundo en sus recuerdos. En realidad, se quedo dormida.
Despertó de golpe, con miedo en cada poro de su piel. Menudas pesadillas tan feas tenía en esa sala. Durmiendo o despierta. Definitivamente, qué sitio tan horrible.
Dijeron su nombre. Pasó a la habitación tres. El hombre de la bata blanca le dedicó una sonrisa que ella devolvió, pero no le llegó la alegría a los ojos.
- Buenos días, doctor.
- Hola Juliette, ¿cómo te encuentras hoy?
- Bastante bien, gracias. - contestó.
- Me alegro. Siéntate.
Juliette se mordió el labio, vergonzosa. El medico sonrió. Qué niña llegaba a ser a veces esta chica.
- ¿Un caramelo, querida?
Le cambió la cara.
- ¡Muchas gracias! - exclamó contenta.
Demasiada suerte estaba teniendo ya.
- Dígame, doctor, usted que sabe de fotos en blanco y negro a mi pecho. ¿No pinta bien?
- Pues.. La verdad Juliette, no, no pinta nada bien.
Ella no dijo nada. Su cara no mostraba sentimiento alguno.
- No sabría decirte.. cuánto.. tiempo..
- Mejor, ¿sabe? Mejor no me lo diga. Siempre he preferido las sorpresas.
- Pero es importante Juliette.. Estamos hablando de..
- ¿Sabe qué? - cortó ella. - Hoy hace un día estupendo fuera. No entiendo cómo puede trabajar aquí abajo, la luz es horrible. ¿Nota el fresquito que hace? Eso es normal, en navidad siempre hace fresquito. Pero a nosotros no nos molesta. Y menos hoy. ¿Sabe que voy a hacer? Me voy a ir a casa, doctor, y besaré a Jack en los párpados. Creo que nunca le había besado antes ahí, y no quiero dejarme ni una esquinita de él. Luego comeremos desayuno, que es lo que más nos gusta. Y haremos el amor. Todo el resto del día. No cenaremos, porque, ¿sabe? A mí Jack me quita el hambre. Y el sueño. Y el frío. Y las pesadillas. Y el miedo.
Y es todo lo que necesito.